En muchas organizaciones, la gestión de riesgos en ciberseguridad vive en un Excel.
Un archivo que alguien actualiza manualmente, donde se listan riesgos, se asignan niveles de impacto y se agregan controles en columnas que, con el tiempo, se vuelven difíciles de mantener.
Al inicio funciona.
Pero a medida que el entorno crece, empiezan los problemas:
- Versiones diferentes del mismo archivo
- Dificultad para hacer seguimiento real
- Controles definidos, pero no monitoreados
- Poca visibilidad sobre qué riesgos siguen vigentes
Y sobre todo, una pregunta difícil de responder:
¿Qué tan controlados están realmente mis riesgos hoy?